San Juan Evangelista

Es obra de D. Manuel Luque en el año 2006. Forma un grupo con la imagen de María Santísima de los Dolores, aun cuando cada una de ellas puede también ser expuesta por separado. La imagen está tallada completamente en madera de cedro para revestir con túnica. Lleva, como es norma en este tipo de representaciones, las manos separadas y los pies tallados sobre una peana.

El cuello está girado hacia el lado de la Virgen, hacia la derecha. El modelado muestra a una persona de algo más de treinta años, con un rostro todavía juvenil aunque comienzan a mostrarse en él, los signos de la madurez.

El rostro es de estructura ovalada, ligeramente alargado, con ojos rasgados y grandes, y el ceño levemente fruncido, lo que deja traslucir un gran dolor interior, a pesar de ello, todo en la imagen intenta transmitir serenidad y esperanza. La mirada se posa en el rostro de la Virgen, a quien pretende confortar en estos momentos de inmenso dolor. Los labios se entreabren para musitar unas palabras de aliento a la Santísima Virgen.

El pelo es junto con la configuración del rostro otro de los elementos más destacados, mostrando un gran virtuosismo. Es una melena larga, rizada y enmarañada, con un giro acorde con la inclinación de la cabeza. El pelo se vuelve sobre sí mismo, posándose sobre la nuca y los hombros, dejando hacia el lado derecho caer un mechón. Ciertamente la configuración de este aspecto de la imagen es espectacular, otorgándole un volumen y un dinamismo que incide en el sufrimiento, en el desasosiego, en la dureza del momento.

En el acompañamiento y confortación a la Santísima Virgen, San Juan Evangelista intenta reflejar en su configuración y actitud la fidelidad del Apóstol hacia Cristo. Una fidelidad que quiere ser un ejemplo para la juventud, un testimonio de inmutabilidad en la fe de Cristo a pesar de la debilidad del ser humano.